Qué hay detrás de la decisión de ASSE en el gobierno del Frente Amplio

A veces, en la política uruguaya, el peor pecado que puede cometer un profesional es hacer que las cosas funcionen demasiado bien.

La reciente decisión de ASSE de cesar al Dr. Jorge Curbelo como director del Hemocentro Regional de Maldonado es uno de esos episodios que dejan en evidencia cómo piensa y cómo actúa la actual administración del gobierno nacional. Según la información divulgada, las autoridades hablan de una “pérdida de confianza” y de una “actitud poco alineada” para justificar la destitución, anunciando además una auditoría de por medio.

El problema es que cuando los titulares y las excusas burocráticas del gobierno del Frente Amplio chocan con la realidad del interior del país, el relato se cae a pedazos.

Cualquier persona que viva en Maldonado, o que conozca mínimamente el sistema de salud pública en Uruguay, sabe perfectamente lo que significa el Hemocentro. No es una simple dependencia administrativa más. Es un orgullo departamental, un modelo de gestión impecable, un faro de innovación —como lo demostró el proyecto del Hemobus— y una demostración clara de que en el interior se pueden hacer las cosas al más alto nivel sin depender de la capital.

Sin embargo, parece que para ASSE eso no alcanza. O peor aún: parece que eso molesta.

Lo que verdaderamente indigna de este episodio no es solamente la decisión en sí, sino las formas. Las formas también son el fondo de la cuestión. Desplazar a un profesional que le ha dedicado su vida a levantar una institución modelo, acusándolo sutilmente de no estar «alineado», es un mensaje peligrosísimo. ¿Alineado a qué? ¿A los recortes de recursos encubiertos? ¿A la mediocridad de no hacer olas? ¿A esa lógica centralista de Montevideo que tantas veces mira al interior por encima del hombro?

Ahí es donde el tema deja de ser una anécdota administrativa y se convierte en un problema político profundo.

Desde el gobierno nacional se construyen discursos constantes sobre la sensibilidad social y la defensa de lo público. Pero a la hora de gestionar de verdad, los resultados muestran otra cara. Se castiga al que exige, al que innova y al que no baja la cabeza cuando le tocan los recursos. El doble discurso es evidente: defienden la salud pública en las conferencias de prensa, pero en los despachos destituyen cuando la buena gestión les hace sombra.

En Maldonado sabemos bien que el desarrollo no se declama: se gestiona. El gobierno departamental y la comunidad entera han trabajado durante años para cuidar lo nuestro, generar oportunidades y mantener servicios de primera línea. El Hemocentro es parte de esa identidad de excelencia. Por eso duele doblemente que desde un escritorio en Montevideo, con una firma fría, se intente desarmar un modelo de trabajo comunitario. Defender a Curbelo no es defender a una persona; es defender una forma de hacer las cosas que le ha traído resultados tangibles a la gente.

Lo que me parece más grave de todo esto es la señal que el gobierno le está dando a cualquier director de hospital, médico o funcionario público que quiera mejorar su sector. El mensaje de la gestión de ASSE es clarísimo: si trabajás en serio, si modernizás y si reclamás lo justo, te vas. La «confianza» para esta administración parece medirse exclusivamente en la capacidad de decir que sí a todo.

Pero gobernar no es imponer obediencia debida en los cargos técnicos. Gobernar es administrar bien los recursos y respaldar a los que consiguen resultados.

Lamentablemente, cuando falta capacidad de gestión en lo más alto, la solución más fácil siempre es cortar la cabeza del que demuestra que las cosas se pueden hacer mejor. Ojalá las autoridades nacionales alguna vez lo entiendan, antes de seguir rompiendo lo que sí funciona.

Porque al final, el problema no es que un profesional no esté alineado con el gobierno. El problema es cuando un gobierno demuestra no estar alineado con las necesidades reales de la gente.

“La ‘confianza’ para esta gestión parece medirse exclusivamente en la capacidad de decir que sí a todo y de no hacer ruido.”

Por: Fernando Inzaurralde